jueves, 1 de octubre de 2009

Reflexión V.



El despertar insaciable de todas las mañanas de septiembre: me entristece saber que no te veré más.

Ni los libros ni las películas románticas sin final feliz serán suficientes para tapar este hueco agrietado, Nublada, me acoplo a la incomodidad de un silla fría, las paredes color humo parecen curvarse en el silencio con el único objeto de adormecer el esfuerzo de una mirada pensativa . Cuando nadie sabe que existo es más fácil ser quien nadie se imagina, la confianza de caminar a ciegas y la compasión por quienes no lo merecen son más sencillos de practicar cuando no eres parte del tumulto. solo sigues tu melodía interna, mescolanza de sunny voices con toques pianísticos pero muy cerca del bombo callejero de pasos al compás de la fatiga.

Everybody's rocking all over the world

Transformé el sentido de mi ser en otro que encuentra el deleite en volar y caer para reposar en la veredas de la ciudad ¿será conciente que vive en esta urbe? no lo creo. El pilluelo nació sin nido al igual que todos pero con la humildad de aceptar su única condición terrestre, la oportunidad de apostar por todo lo bueno de este mundo y recostar en ella los sueños.

Soy la niña del tutu celeste haciendo caras ridículas al gatito que no muestra la misma emoción. Solo existe ese momento y me quedaré a observarla no con los ojos de un psicoanalista sino con la que no vivió nada aún.

No remenbro una sola imagen de mi primer cumpleaños, mas bien muchas! las manos que acarician desde el cielo, los gigantes dándome de comer. A ellos no los volví a ver, y si me los señalan por la calle ó en reuniones , los niego, sé que no son los mismos. Ahora ofresco la mano tímida a quienes fueron gigantes, ellos la devuelven con el decoro del momento y voltean a pelliscar las mejillas de los bebes.
jajaja! solo hace falta reirse un poco para deshacer la melancolía de un niño egoísta. Los padres te ofrecen el amor como una regalo especial y que solo cuidandolo lo conservarás, hasta un punto en que se malgasta con el tiempo y debes dejar de usarlo por que no es igual que antes, más bien te hará dependiente. Y luego te llaman egoista!
Todos llevamos en el fondo la crueldad de un infante.

Varinia.



...


pdt: Escuchen milord (edith piaf) en mi play list

"En todas las vidas" - cuento corto


En la sala de espera de un pulcro hospital, Sara esperaba a la enfermera a ser guiada hacia uno de las habitaciones en donde su amiga yacía inconciente por más de un mes y medio. Después de haber lamentando con torrentes de lagrimas saladas y copiosas por el dormitar eterno de Lorena, Ella por fin obtuvo el permiso de su madre.
Mientras esperaba sentada en una silla a la mitad de un extenso pasillo, Sara no podía detener las embrolladas imágenes, una por una,del día del accidente cuando que en un instante de ofuscación, tomaron la moto de su hermano y huyeron por miedo a ser separadas.

A los 16 años, Las jóvenes de nuestro país tienen sueños, corazones rotos y secretos de sangre pero el amor nos lleva a experimentar barreras y a tomar decisiones del azar sin pensar en las consecuencias.

Sara y Lorena se conocen desde la escuela primaria. Desde que la madre de la última se divorció, se mudaron a un vecindario muy tranquilo en las afueras de la bulliciosa ciudad. Sara, en ese entonces, una niña inquieta y descuidada, despabiló en corto tiempo a la introvertida Lorena, lo que su madre aprobó positivamente a que esa amistad continuara. Así fueron los años siguientes. Lo que empezó en un tímido compartir de tardes en lonches familiares, se tornó prontamente en una vivida hermandad que juraron llevarla hasta la muerte.

En los primeros años de la escuela secundaria, Sara tuvo que acostumbrarse a las miradas inquietantes que posaban en Lorena, casi todo el tiempo, en los pasillos, jardines y aulas, los chicos mayores miraban con abrasador fuego cual presa a la desarrollada complexión de su amiga. Sus caderas se habían anchado en el verano y su cabellera negra, lisa y larga llegaba a su recta espalda soñada a ser tocada por muchos. Mientras que Sara aún no abandonaba la apariencia de niña, aunque con brazos pequeños, cara redonda y pálida, ella poseía la madurez precoz que tanto admiraba Lorena. Sara no opinaba al principio, Lorena sentía un placer congraciado hacia todas las miradas, especialmente cuando su amiga estaba junto a ella.
Cuando llegó la impaciencia de Sara, ella simplemente alegó que estaba confundida y que no soportaría una impúdica mirada más hacia ella y que sería mejor que una de las dos cambiara de escuela si es que no querían separarse definitivamente.

¡OH! Divina juventud!, el mundo no gira alrededor del tuyo. El egoísmo de un niño se refleja en el aire de Sara, como aquella, la primera mirada que atizó en Lorena, cuando niñas.

Lorena se levantó sin premura del sillón y con una actitud decidida y los labios rosas a flor de piel. Compartió un beso largo y cerrado, sintiendo el tibio calor que desprendía de sus naturalezas.

Sara tenía las manos sosteniendo su cabeza cuando la enfermera irrumpió en sus recuerdos. Con un amable trato que a la vez servía de consuelo , la guió hacia el fondo del largo pasillo para voltear y dar con una doble puerta de vidrio. Al entrar, se topaba con un pasadizo completo de habitaciones en ambos lados. Sara sintió que la ansiedad le carcomía los nervios, quería dejar atrás la parsimonia y correr sin en parar hacia la cama de su amiga.


Muy al contrario, solo sintió la presión de los dedos, unas contra otras, los rasguños y el corazón saltando más allá de sus orbitas.

cuando llegaron a la puerta, la enferma le advirtió que si se sentía incomoda salga sin hacer el menor ruido.

La habitación poseía una luz cegadora. La enfermera la dejó sola y en el centro, Lorena dormía profundamente en una cama amplia con sábanas color rosa palo. Su cabeza completamente vendada, sin ningún indicio de su caballera negra. Su ingrávido rostro, ahora hinchado, más de lo que se podía imaginar, los ojos igualmente morados y la piel de sus brazos hilaban de una bolsa de suero y otra de sangre. Los ojos de Sara desorbitados y secos de tanto llorar, las manos sin atreverse a tocarla por miedo a hacerle más daño. Solo lanzó un llanto ahogado mientras un estrépito frío envolvió su cuerpo.
No salió de la habitación, no corrió como la enfermera pronosticó, se quedó con Lorena con una mano sobre la de ella y la otra en su boca, controlando el espasmo.

TO BE CONTINUED...

Varinia.

martes, 29 de septiembre de 2009

Espejos


Tropezé más de una vez con la muerte
en los espejos, los vidrios, los cielos
en los charcos veía el reflejo
con una viva voz y en susurro fantasmal
ella me movía, me estremecía,
en sus troncos versos yo perdía.

En el soplo iracundo retenía el veneno
que sentía henchir hasta mis huesos
Mientras en los ojos negros
amparaba el odio de una roña
convertida en mártir de los famélicos

la carroña absurda, el beso insaciable
el alimento y las ansias
vaciadas en el misterio
conformaban el ciclo de los espejos

Di a parar más de una vez
con la muerte en los espejos
su fina oz era el destello
de un cadaver rosa
y ojeras lánguidas

Corrí más de una vez tras
la muerte en los espejos
Dentro del marco protector
me mecía el perversor
soy la presa que alimenta
aquella su longeva presencia
todo ello y menos yo

Varinia.

martes, 15 de septiembre de 2009

Fermata negra


Melodioso y con sabor leche, cerca de mi madre enervada por la suciedad.
Mi boca aprende a tocar, succionaba bastarda el frejol tibio convertida en manía, sangre y todo.
De repente hubieron cosas que se abrieron y tu caritatividad fue la primera.
Me ocultaste el puño y llamaste mi nombre por primera vez, eso te hace más divina, inmortal.

Gracias amor mio, yo aceptaré mi posición de concebida hasta la muerte.
Por siempre la mártir.
Mira, aprendí a tocar el piano como la perfecta bambalina en los trapecios amigdalados.
La inclinación desde tu karma, enfriaba hasta mis huesos y la caída segura y cerca pero nunca conquistada
Gritos, aplausos, el gorrión que sube y baja y no para de cantar la eterna canción.
Tenemos un día soleado y yo a tu cama sostenida quedo vendada por tu aroma a geranio, tus senos son el cielo, tus brazos las cadenas, hoy soportaría la muerte cerca.

Todo va más rápido que ayer, y las semanas santas vuelven diabólicas como enormes adoquines asementados, burdas.
Tus brazos fuertes, divino placer de la niñá ansiedad y lonches de uñas y vanidades.
Bajo las faldas me escondo, me encontrarás de todos modos, en la tierra y detrás de todas las puertas. Somos tu, y la dicha de seguir juntas como ayer.
Cerraste el miedo absurdo y cóncavo, me hablaste de las vidas extrañas de tu generación mientras yo te abría el corazón como ellas no lo harían jamas.
No soy la primera a quien llamaste hija, soy la que recibió el farol de madrugada, volteabas y decías que no estaba preparada para la luz romántica del atardecer.
Son los caminos a donde no sabías llegar, somos las huellas de la otra sin ya nada más que confesar.
Tu vientre fertil, la malicia protectora, ahoga, al viento le huyes y yo silencio, refugio y escobas, me miras y observas como si todo tuviera tu forma.

Varinia.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Mon self portrait


Me atrae el hedor perverso de las calles donde abundan los miserables, el aliento embriagado de los hombres con arapos y la picardía de los niños hambrientos.
- Sandra deleitaba ese olor a sufrimiento en cada tarde de invierno y con cámara en mano, ella recorría las calles pobres de su ciudad para fotografiar a familias, niños, burdeles, provincianos y recicladores de basura.

La fotografía es el arte de plasmar realidades y no mujeres aristocratas , exhibiendo sus finos vestidos de seda egipciana
De ese tipo de mujeres ya tengo suficiente, - recalcaba- , fotografié desnudas a algunas de ellas, pero no mostraban más que una vanidad estúpida, sin ningun otro objeto que sus selvas reprimidas.
Algunos jóvenes me pedían dinero , yo no tenía ningun problema en ofrecerles una moderada cantidad, pero cuando sus madres aparecían y con un solapón en sus huesudas piernas ellas reclamaban más de lo que podía dar en ese momento.
"no seas burro cabezón, tus hermanos necesitan más que unas miseras monedas"
Aveces sedía, otras no. La expresión de muchos chicos provocaban el arrebato caritativo.

Una ves tuve la oportunidad de realizar un desnudo a una niña huerfana en las playas del sur chico, no fue una odisea como me lo imaginé. La niña era muy intrépida y flexible, se acomodó sin engorroserias. Su pequeño cuerpo bronceado y terso recorría en el denso aire de una playa solitaria, Sus cabellos castaños y enredados planchaban la arena tibia de una tarde de luz y cielo. Ella me preguntaba sin recelo ¿a que hora terminaremos? yo no respondía estaba concentrada en capturar el mejor enfoque de la inocente Fabiola.

No sé por que me abatía al verla correr, saltar, y verla saciar cualquier placer que se asimile a undir sus frágiles brasitos en la arena mojada. Quizá tuve una existencia parecida como la de cualquier niña, pero no logro recordar mucho. Solo un padre redimido en la tristeza de su esposa muerta y una niña azorada entre los acercamientos vagos de un padre pudoroso y las caricias intensas de una tía casta y silenciosa.

El tiempo pasó tan de prisa que cuando la niña rompió en un fuerte estornudo me di cuenta que el atardecer había caído lechosa y sin remilgo.
Tomé a la niña en un abrazo protector, la cubrí con la tualla y la llevé a mi auto.

Un sueño agudo la llevo a colocar su cabezita en mis piernas. Me concentré por un momento en su rostro apacible y cansado.
De regreso a la casa hogar, devolví a la niña con un temor sepulcral, esa niña estaba desprotegida en el mundo y yo sentía un miedo infinito por ella.
Una de las mamas encargadas - por que así todos los niños las llamaban, muchas veces escuché también "mamita" - me llevó a un cuarto con una luz opaca y en la esquina un escritorio. Esperé allí pocos minutos , pensando interminablemente en Fabiola.
La puerta se abrió y la madre mayor me saludó en forma cordial. Después de toda la buena educación que sus canas y años la habían enseñado se quedó mirandome como si esperara algo más. Recordé que era aquello que deseaba tan fiel. Saqué de mi cartera una chequera y trazé mi firma corta en uno de ellos. Una buena suma cubre los medicamentos del resfriado de la pequeña fabiola, pensé.

Sin más obstáculos que mi tímida despedida salí apresurada y corrí para robarle un besito en la frente a la pequeña, pero estaba dormida y ya no desprendía esa esencia a algas y arena húmeda sino el de un nene perfumado.
Ya no quedó ni un índice de ese olor a playa impregnado en mi auto, solo los negativos y los recuerdos con un prestigio similar.

Varinia.